El emblemático restaurante palaciego, que nació como bodega y despacho de vinos en 1939, cumple 80 años de constante actualización y crecimiento. Hoy es un multiespacio gastronómico con tres cartas distintas y once zonas diferenciadas.

Existen personas con visión de futuro. Esas capaces de dilucidar, en cierta medida, aquello que está por venir. En definitiva, adelantados a su tiempo. Los recién cumplidos ochenta años del restaurante Casa Moral de Los Palacios y Villafranca dan buena prueba de que en la familia de hosteleros palaciegos que lo regenta existe más de un integrante perteneciente a esa particular especie.

Desde los años 30 los Moral siempre fueron a ‘la avanzadilla gastronómica’ de Los Palacios. Incluso de toda Sevilla. Fue el 28 de julio de 1939 cuando José Moral Páez fundó la bodega más grande de la localidad a la que bautizó como Casa Moral. Allí pisaba uva de su propia cosecha y vendía el vino. “Mi abuelo tenía otra bodega más pequeñita pero hizo una inversión de 50.000 pesetas para mudarse a otra mayor en el centro. Lo hizo porque quería evolucionar. Fue la comidilla de todo el pueblo”, revela José Antonio Moral, actual propietario del establecimiento que sigue emplazado en la misma casa que adquiera por aquel entonces José Moral Páez.

José Moral Algarín convirtió la bodega y despacho de vinos de su padre en un bar. Foto cedida por el establecimiento.

José Moral Algarín convirtió la bodega y despacho de vinos de su padre en un bar. Foto cedida por el establecimiento.

Para José Antonio Moral los términos “evolución” y “avance” resultan claves a la hora de analizar la historia del negocio familiar. “No habríamos llegado hasta donde estamos hoy de no ser por ese impulso por mejorar e innovar que nos mueve. Así llevamos ochenta años. Aunque siempre sin perder nuestra esencia”, matiza el dueño de Casa Moral.

Una esencia que durante los primeros años se encargó de cultivar la abuela de José Antonio, Rosario Algarín, encargada de elaborar el guiso diario y la clásica sopa de tomate palaciega que por aquel entonces eran los únicos platos que se servían en el establecimiento. “La sopa la mantenemos aún hoy en día en carta. Y la hacemos siguiendo la receta de mi abuela: con hierbabuena y huevo cuajado”, desvela José Antonio.

La sopa de tomate palaciega, plato que se ha mantenido durante los 80 años de vida de Casa Moral. Foto cedida por el establecimiento.

La sopa de tomate palaciega, plato que se ha mantenido durante los 80 años de vida de Casa Moral. Foto cedida por el establecimiento.

La abuela Rosario era defensora a ultranza de los productos de la huerta de Los Palacios. Como también lo fue el padre de José Antonio, José Moral Algarín, y lo es el actual propietario del restaurante de los Moral. Por ello, la familia siempre ha apostado por cocinar con alimentos autóctonos de la tierra. De hecho, el equipo de Casa Moral ha creado un plato homenaje al ochenta aniversario del establecimiento basado en la huerta palaciega: calabacín relleno de vaca con crema de calabaza. “Lo tenemos en carta y está siendo un éxito”.

De las primeras tapas al multiespacio gastronómico

A nivel gastronómico, y siempre siguiendo esta línea de constante renovación, la irrupción de José Moral Algarín, padre de José Antonio, durante los años 60 en el negocio familiar supuso una bocanada de aire fresco. “Él convirtió la bodega en bar y con los años llegó a tener casi treinta tapas diferentes” explica José Antonio quien recuerda cómo en la década de los ochenta su progenitor introdujo las berenjenas con queso azul danés de untar como novedad absoluta en Los Palacios. “En el pueblo nunca se había visto nada igual”.

Calabacín de la huerta palaciega relleno de vaca con crema de calabaza, elaboración homenaje al aniversario de Casa Moral. Foto cedida por el establecimiento.

Calabacín de la huerta palaciega relleno de vaca con crema de calabaza, elaboración homenaje al aniversario del restaurante. Foto cedida por el establecimiento.

También fue pionero Moral Algarín en convertir su establecimiento “en restaurante de mesa y mantel”, así como en ofrecer los primeros eventos en sus instalaciones. “También he de agradecerle que comenzara a explorar las posibilidades de ampliación de nuestro establecimiento, creando cuatro salones diferenciados. Su lema era: renovarse o morir”.

José Antonio Moral creció contemplando con admiración el espíritu emprendedor de su padre. Él se convirtió en su mejor ejemplo y guía cuando tomó las riendas de Casa Moral y durante casi dos décadas compartieron responsabilidades en el negocio familiar. Una etapa que supuso una verdadera revolución tanto en los fogones como en las instalaciones del establecimiento. Y es que la mente inquieta del representante de la tercera generación de los Moral no cesaba de emprender nuevas iniciativas. Evolución y avance seguían siendo las palabras claves.

José Antonio Moral, apasionado de su trabajo que desempeña en constante evolución aunque sin perder la esencia del negocio familiar. Foto: CosasDeComé.

José Antonio Moral, apasionado de su trabajo que desempeña en constante evolución aunque sin perder la esencia del negocio familiar. Foto: CosasDeComé.

Paralelamente, la carta de Casa Moral siguió aumentando hasta el punto de subdividirse entre tres: dos de tapas y una de platos. De las dos primeras puede disfrutarse en la taberna La Periñaca, que recibe este nombre en homenaje al fundador del establecimiento, y la Neo-taberna, de corte innovador. Para degustar la carta de platos José Antonio Moral cuenta con nueve salones y terrazas más que él mismo ha diseñado con gusto y esmero. “Una emula la plaza de un pueblo, otra tiene influencias arabescas y otra, por ejemplo, recuerda a un salón medieval. Somos un multiespacio gastronómico y queremos que el cliente pueda elegir en cuál se siente más cómodo”.

José Antonio considera que su cocina, que elabora junto a su esposa Isabel Troncoso, bebe del recetario tradicional andaluz aunque posee toques innovadores. “Siempre estamos creando. Nuestro bacalao frito con la fritá de tomates de los Palacios, los pimientos rellenos de merluza y langostinos o la hamburguesita de gambas en pan de sésamo negro son muy queridas entre nuestros clientes”.

Aún así, para el propietario de Casa Moral no resulta suficiente. Por eso, cuenta con una con una veintena de postres caseros, otra con 120 referencias de vinos, una tercera con una degustación de aceites, otra para celiacos, una dedicada a tés y una última de puros. “Es la pasión por nuestra profesión lo que nos inspira. Y espero que lo siga haciendo, por lo menos, otros ochenta años más”, concluye satisfecho.

Mientras, coincidiendo con este aniversario y en homenaje a los orígenes bodegueros de su padre y abuelo, José Antonio Moral comenzará en el mes de septiembre con las obras de su propia bodega en Almonaster La Real (Huelva), localidad donde Casa Moral ya da vida a sus vinos tintos y blancos.

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