En Colombia saben muy bien de lo que están hablando cuando hablan de ron. No en vano, de allí salen algunos de los ejemplares más cotizados de este destilado en el mundo. Y esto es así, sobre todo, por la tradición en el cultivo de la caña de azúcar, materia prima imprescindible para la elaboración de este espirituoso. El producto se presentó en la Torre de los Perdigones

 

Los caminos de ida y vuelta que desde hace siglos jalonan la relación entre Andalucía y América, también se cruzan en esto del ron. Especialmente desde que, hace ya muchos años, los elaboradores colombianos descubrieron que aquellas botas llenas de sherry que venían de Europa, al rellenarlas con sus rones dotaban a su bebida de unas características organolépticas excepcionales, por lo que no sólo servían para transportar y conservar el licor, sino que además lo mejoraban, y mucho.

Extracción artesanal del jugo de la caña. Foto cedida por la empresa

Extracción artesanal del jugo de la caña. Foto cedida por la empresa

Este principio, en definitiva, fue el que acabó trayendo hasta Jerez a Edgard Simmonds, fundador y propietario del ron sherry-colombiano Hacienda Calibío, quien acabó en nuestra tierra buscando las mejores botas para envejecer su elixir, aunque ese es el final de la historia. Los inicios de esta aventura se remontan al año 2011, cuando Edgar empieza a usar la caña de azúcar que se cultivaba en la hacienda de su familia para elaborar un ron artesanal. La plantación, en manos de los Simmonds desde hace más de un siglo, tiene un enorme significado histórico para los cafeteros, ya que en aquellas tierras, en la zona sur occidental del país, se libró en 1814 la decisiva batalla de Calibío, en la que Antonio Nariño derrotó a Juan de Sámano, último virrey español, iniciándose así el proceso de descolonización de ultramar. Tal respeto le tienen los colombianos a la figura de Nariño, que el actual palacio presidencial del país recibe su nombre como homenaje al precursor de su liberación.

Hacienda Calibío, en Popayán, Colombia. Foto cedida por la empresa

Hacienda Calibío, en Popayán, Colombia. Foto cedida por la empresa

En tan relevante lugar histórico se crió Edgar Simmonds, en las afueras de la preciosa ciudad colonial de Popayán. De pequeño, su relación con la caña eran los múltiples dulces en forma de guarapo, panelas o melcochas, que le tatuaron el sabor de la auténtica caña en su cabeza. Pero ya en sus años de juventud, quería ir un pasito más allá y comenzó a introducirse de manera más intensa en el mundo del aguardiente de caña, que al principio envejecían en un viejo tonel que habían traído desde la Rioja. Cuenta Edgar, que en las primeras pruebas ya empezó a apreciar los matices, la profundidad y la complejidad que el paso por la barrica otorgaba a su humilde ron casero, frente a la falta de interés que se apreciaba en esos rones industriales atiborrados de caramelo y aromas artificiales.

Botas envinadas con jereces

Si quería dar un salto de calidad y hacer algo realmente único en este campo, sabía que tenía que venirse a Jerez, donde en los últimos años ha florecido un nuevo sector, el de las botas envinadas, por las que actualmente se pelean las principales marcas de ron y whisky del mundo. En ese camino se cruzó Ventura Núñez, uno de los mayores expertos en el noble arte de la tonelería, co-propietario de Vasyma y de Destiladores y Bodegueros, quien desde el principio acogió, enseñó y ayudó a Edgar, tanto con sus botas envinadas en oloroso y pedro ximénez, como con los rones añejos ya elaborados por su bodega. Entre esos rones jerezanos y los que empezaban a venir desde Colombia, se creó el sistema de  criaderas y soleras del que actualmente sale Hacienda Calibío en sus 2 variedades: 5 años de envejecimiento en botas que contuvieron oloroso y, el más alto de la gama, 8 años durmiendo en botas que criaron pedro ximénez.

Botas jerezanas en las que envejece el ron. Foto cedida por la empresa

Botas jerezanas en las que envejece el ron. Foto cedida por la empresa

Hasta el momento, por la inexorable lógica de la formación del soleraje, el proyecto sólo estaba en fase de elaboración y envejecimiento. Pero recientemente, ya empieza a haber producto terminado en el mercado. Con ese motivo, recientemente Edgar Simmonds, junto al sumiller Fran León, presentó sus rones y el proyecto en la sevillana Torre de los Perdigones. Por ahora, las botellas se pueden adquirir en la web o en La Casa del Jerez, aunque sus creadores admiten que la mayor parte de la producción –actualmente 200 medias botas- se destinará a exportarlas a Colombia, donde hay una gran expectación con este proyecto, y a Florida.

El sumiller Fran León y Edgar Simmonds, propietario del ron. Foto: Cosas de Comé

El sumiller Fran León y Edgar Simmonds, propietario del ron. Foto: Cosas de Comé

 

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