El dulce, que se vende envuelto en papel parafinado, lo inventó Manuel Cabreja que le puso ese nombre porque un amigo le dijo que «esto es algo grande»

 

El dulce llama la atención en la ya de por sí espectacular vitrina de la confitería La Centenaria de Alcalá de Guadaira. El dulce, con forma rectangular, llama la atención con su «Vaticano» escrito en colorao sobre un papel parafinado, de esos que se utilizan también para envolver cortadillos prodigiosos.

El Vaticano es uno de los dulces famosos de esta confitería puesta en marcha en el año 1860 por Isidoro Díaz y Cos. Se trata de un bizcocho, ligeramente emborrachado por la propia crema de yema de huevo que lleva encima. Para adornar azúcar y canela.

Pero el dulce no se inventó en los comienzos de la pastelería. Habría que esperar a la llegada de Manuel Cabreja Vilches que se haría con las riendas del negocio en el año 1978, aunque ya antes habia estado muchos años ejerciendo como confitero en una casa en la que entró como aprendiz a los once años. José Antonio Cabreja, hijo de Manuel y actual jefe de obrador del establecimiento señala «que no recuerdo la fecha exacta en la que se comenzó a elaborar el dulce. Se que fue mi padre el que lo creó y el que le puso el nombre. Un amigo, cuando lo probó, dijo esto es algo grande…como el Vaticano. A mi padre le gustó la expresión y le puso el nombre».

Desde entonces el Vaticano se ha quedado en el catálogo de dulces de la pastelería y ahora, además es uno de las estrellas de la casa junto a las tortas de Alcalá, las bizcotelas, el tocino de cielo, la crema tostada o el mantecado que hacen con sabor a tortas de Alcalá.

José Antonio Cabreja destaca que mantienen la fórmula de su padre y que suelen tenerlo habitualmente en su despacho.

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