Considerado uno de los bares más antiguos de la localidad, fue en el siglo XIX la primera fonda nazarena . En 1966 se convirtió en un establecimiento familiar que ha mantenido casi intactas sus tapas y esencia hasta la actualidad.

Muros gruesos, altas vigas y unas puertas de madera que aún se cierran con aldaba y una llave de hierro que bien podría ser la de un castillo encantado. O la de aquella fonda, la primera que existió en Dos Hermanas en el siglo XIX, que realmente se ubicó en lo que hoy es el número 35 de la calle Santa María Magdalena de la localidad nazarena. Allí se encuentra desde 1966 Bar Casa Amable, un histórico de la hostelería de Dos Hermanas cuyas famosas tapas caseras hacen salivar de gusto a nazarenos y foráneos. “Tenemos el honor de ser uno de los bares más antiguos de la ciudad, junto al bar Ignacio que también se fundó en 1966”, revela, tímido a la par que orgulloso, Julián Ballesteros, propietario del establecimiento.

Julián Ballesteros, hijo de Amable Ballesteros, regenta en la actualidad Casa Amable. Foto de CosasDeComé.

Julián Ballesteros, hijo de Amable Ballesteros, regenta en la actualidad Casa Amable. Foto de CosasDeComé.

En los años 60 tan solo vivía en Dos Hermanas un hombre que respondía al nombre de Amable: Amable Ballesteros, padre de Julián, un joven de Zamora que se trasladó hasta la localidad en busca de trabajo y que se enamoró de una nazarena. Con ella se decidió a montar su propio negocio y ambos optaron por bautizarlo con el singular nombre del zamorano. “Aunque antes de coger mis padres el bar y una vez que dejó de ser fonda, se encargó de él la familia Terrero que era especialista en chacinas y almendritas fritas. Luego vinieron Luis Alcántara, Manolo Félix y Juan Avencilla” puntualiza Julián, con una asombrosa capacidad de retener nombres y fechas, y enlazarlos en el momento adecuado. “Este bar es parte de la Historia de Dos Hermanas, así que no me quiero olvidar de nadie”, se justifica mientras escribe con tiza sobre el mostrador la cuenta de una de las mesas exteriores, que se añadieron al bar hace cinco años.

Amable Ballesteros, su esposa Antonia De Dios y sus hijos José Antonio y Julián se hicieron cargo del bar en los años sesenta. Foto cedida por el establecimiento.

Amable Ballesteros, su esposa Antonia De Dios y sus hijos José Antonio y Julián se hicieron cargo del bar en los años sesenta. Foto cedida por el establecimiento.

Los clientes han tomado lomo con tomate, lengua en salsa y tortilla de jamón. Julián suma dos euros por tapa más la bebida. “La verdad es que son tres de las tapas que más salen. El lomo con tomate es muy conocido, incluso fuera de Dos Hermanas”, explica el propietario de Casa Amable quien aprendió a elaborar las recetas de estos platos de su padre, Amable Ballesteros. “A él le encantaba estar en la cocina y a mí fijarme en cómo cocinaba. Desde niño. Mi hermano Juan Luis era más de estar en la barra. Pero mi padre fue mi maestro”

Gracias a ello, Julián es capaz de conseguir que las tapas de Casa Amable mantengan el sabor tradicional y presentación de antaño, acompañadas por varios trocitos de pan a su alrededor. “Tenemos clientes de toda la vida, que lo fueron de mis padres y ahora son míos. Es verlos entrar por la puerta y saber lo que van a pedir”.

El lomo con tomate, tapa estrella de este histórico establecimiento nazareno. Foto: CosasDeComé.

El lomo con tomate, tapa estrella de este histórico establecimiento nazareno. Foto: CosasDeComé.

Aún así, el propietario de Casa Amable también ha introducido algunas elaboraciones propias a la oferta del histórico establecimiento. Es el caso de los calamares a la riojana o las tarbinas y el menudo que prepara puntualmente. También introdujo Julián en la década de los 80 unos desayunos que con los años se han convertido en todo un clásico entre los nazarenos. “Traemos molletes de la panadería Gonzalo, de aquí de Dos Hermanas,  y hacemos carne mechá y manteca colorá casera. Aunque también tenemos jamón, caña de lomo, salchichón…”

Respecto a las instalaciones de este señero y pequeño establecimiento nazareno, de no más de 50 metros cuadrados, tan sólo fueron modificadas en 1992 cuando la familia Ballesteros, según narra Julián, acometió algunas reformas de mejora para agrandar la diminuta cocina que permanecía en una lateral, cambiar el suelo y la barra, intactos todos desde tiempos inmemoriales. «También picamos la fachada y apareció un azulejo histórico de Jesús del Gran Poder de Sevilla que fue lo que permitió descubrir que este bar fue antes una fonda y que llevó el nombre de esa imagen sevillana».

Vuelven a entrar nuevos clientes. Se acomodan en la barra y demandan, como no, sus consabidas tapas de lomo con tomate. Julián se sonríe y encoge de hombros. «Esto ha sido así toda la vida. Y que así sea por muchos años más».

Para conocer la receta de lomo con tomate de Amable Ballesteros, click aquí.

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