Rosarito y Conchi crearon hace 4 décadas una bechamel que se ha hecho famosa en Castilleja de la Cuesta y con la que elaboran croquetas, huevos, gambas y hasta un plato con berenjenas

 

Rosarito y Conchi Rodríguez acababan de entrar en la adolescencia. Tenían 15 ó 16 años, pero antes de irse para el colegio tenían una obligación, preparar la bechamel para hacer las croquetas y los huevos con bechamel de Casa Joselito, el bar que regentaban sus padres, Joselito Rodríguez y Rosario González.

La fama de la bechamel de las hermanas Rodríguez ha llegado hasta tal punto que al bar se le conoce con el sobrenombre de «el de los huevos». El sitio, situado en una casa de la calle Arcadio Rodríguez Martínez, ofrece un tapeo clásico que recorre montaditos, acompañados de su buena fritá de papas, frituras, algo de marisco, aliños y algunos guisos entre los que destacan la caldereta y el menudo, los dos hechos con ternera.

El comedor situado en el patio: Foto: Cosasdecome

Pero sin duda alguna en este establecimiento, que entra en esa bendita clasificación de sitios buenos y baratos, es la bechamel. Los huevos con bechamel, partidos por la mitad, luego bañados en la crema y finalmente empanados y fritos, están en la carta de Casa Joselito casi desde el primer día cuando Joselito Rodríguez y Rosario González abrieron su bar en 1977.

«Siempre ha sido un sitio muy familiar» comenta su nieta y ahora gerente del establecimiento, Patricia Fernández. La cosa era tan familiar que los cuatro hijos del matrimonio (Conchi, Rosarito, José Antonio y Jesús) ayudaban en la tarea. Así fue como Conchi y Rosarito se hicieron cargo de hacer la bechamel para los huevos, pero se les ocurrió que la base podría servir también para hacer otros platos y así surgieron las famosas croquetas de Casa Joselito.

Las croquetas. Foto: Cosasdecome

Patricia señala que «aunque mucha gente cree que son del puchero no son exactamente eso». Rosario Rodríguez, que a sus 58 años sigue ocupándose de la cocina del establecimiento, señala que «las hacemos con carne picada de cerdo y ternera. Le hacemos un refritito con cebolla, muy poca, y aceite de oliva. Ahí luego agregamos su leche y su harina y a remover, porque la clave está ahí en no parar de remover para que la bechamel quede cremosa».

Las croquetas de las hermanas Rodríguez son de esas de un relleno cremoso, pero sin llegar a ser liquidas. Son generosas de tamaño y solo se elaboran de un sabor. «Ten en cuenta que en un domingo pueden salir más de 350 croquetas y las hacemos a diario así que no podemos completar las cosas porque además esto y las demás tapas con bechamel son laboriosas» señala Patricia.

Patricia Fernández, la actual gerente de Casa Joselito. Foto: Cosasdecome

Las sirven por tapas (dos croquetazos acompañados de patatas fritas a 2,5o euros) o por medias y por raciones. «Salen mucho porque aquí vienen muchas familias a comer y las piden por fuentes». El sitio es amplio, tienen hasta tres salones y una capacidad de unas 130 personas. Hay barra a la entrada y luego dos salones en dos patios en los que no faltan incluso unos canarios en sus jaulas como testigos del almuerzo. Luego hay otro pequeño salón más interior. Aunque son un bar de toda la vida, sí hacen reservas «porque hay que amoldarse a los tiempos», destacan.

Los huevos con bechamel. Foto: Cosasdecome

Rosario Rodríguez liando las famosas croquetas de las hermanas Rodríguez. Foto: Cedida por Casa Joselito.

Pero las hermanas no pararon ahí y han seguido creando tapas con su bechamel. Otra de las especialidades que se ha hecho famosa son sus gambas envueltas en bechamel. No utilizan gambas cocidas. «Nosotros mismos las pelamos una a una y luego, crudas, se cubren con la bechamel, se empanan y se fríen» destacan.

La última creación «abechamelada» son unas berenjenas que se sofríen con carne picada y luego se cubren con bechamel. El último toque es un gratinado en el horno con un poquito de queso por encima.

Si las hijas son las especialistas en la bechamel, los guisos de la casa, el menudo y la caldereta, siguen «inspirados» por la abuela Rosario que a sus 75 años sigue pasando su ratito en el establecimiento para «echarle un ojito». Patricia hace una recomendación: «Hay que dejar sitio para el postre, que también los hacemos nosotros».

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