El restaurante trianero La Flor de mi Viña, descendiente e independiente de su homónimo de la calle José Velilla, cumple 20 años conquistando con sus chacinas y platos tradicionales a la clientela.

 

Carmelo Travado y Adela María Hijón crecieron profesionalmente como hosteleros en el restaurante La Flor de mi Viña ubicado en la céntrica calle José Velilla. Propiedad del padre de Adela María, la pareja aprendió bajo su mando el valor del trabajo bien hecho, la cercanía y el servicio con el cliente. Enseñanzas que en el año 2000 trasladaron con ilusión hasta el que sería su nuevo negocio: un bar en el corazón de Triana al que decidieron bautizar con el mismo nombre de aquel en el que habían echado raíces. “Nos habíamos mudado al barrio y soñábamos con emprender esta aventura juntos. La verdad es que no nos arrepentimos”, manifiesta Travado feliz.

El establecimiento toma su nombre de su homónimo de la calle José Velilla. Foto cedida por la Flor de mi Viña

El establecimiento toma su nombre de su homónimo de la calle José Velilla. Foto cedida por la Flor de mi Viña

Y es que el pasado 28 de febrero el establecimiento cumplió dos décadas conquistando paladares a base de buen jamón de bellota y guisos caseros. “Cuando empezamos no teníamos grandes pretensiones por tener limitaciones con la cocina. Pero, poco a poco, nos hicimos un hueco en la zona y hemos tenido una trayectoria ascendente”, comenta el copropietario del establecimiento.

 

El concepto gastronómico que La Flor de mi Viña Triana defendería fue algo que Travado e Hijón tuvieron claro desde el principio. Buscaban cierta semejanza con una abacería, con una fuerte presencia de chacinas y conservas de calidad. Pronto su jamón serrano se convirtió en un gran reclamo y la pareja decidió reforzarlo con la presencia de elaboraciones caseras. “Mi mujer es una maravillosa cocinera y siempre prepara un guiso del día y una tapa de la semana”. Alubias con verdinas, potaje de garbanzos, arroz de paella o carrillada al Pedro Ximénez son algunas de las especialidades de Hijón que se mantienen a través de los años.

Especial furor entre los clientes de La Flor de mi Viña provocan sus desayunos donde el cliente puede elegir entre un amplio universo de tostadas. La lista de panes va desde el prieto de La Algaba pasando por el yeyé del Castillo de las Guardas y el mollete de Antequera. “Y para acompañarlo, la gente siempre suele optar por nuestro jamón, es un clásico”, explica Carmelo Travado que desvela que el establecimiento cuenta con mesa de corte y un cortador profesional para esta tarea. Este último no es otro que el hijo de Travado e Hijón, el joven Carmelo, que parece seguir la vocación de sus progenitores. “Nosotros intentaremos estar al frente de nuestro bar por lo menos otros veinte años más. Pero es una gran alegría contar con savia nueva para que nuestro legado se perpetúe”.

 

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