Casa Valentín en Utrera, con una  materia prima muy cuidada, mantiene el encanto de los restaurantes tradicionales, en los que todavía se come por platos y con servilletas de algodón con el escudo grabado

 

El jamón en Casa Valentín tiene regalo. Junto al plato, de los blancos redondos, a la vieja usanza, sin decoraciones que quiten protagonismo al único Rey del mundo que nació rodeado de tocino, viene un segundo plato sobre el que se deposita un personal mollete. Lo traen de la panadería El Limonar y José María Gutierrez, el gerente de Casa Valentín le hace un trabajo de orfebre. A cada pieza le planta unos «zajao», una especie de cuadricula hecha a cuchillo para dejarle «al aire» la almohadillda miga del mollete…un minutito de horno para ponerle la corteza color tostaito ligero y un buen chorreón de aceite de El Torreón de Utrera. «Lo empecé a hacer hace unos meses, gustó y se ha quedado».

El jamón es uno de los grandes atractivos del restaurante. Traen dos, cada uno de una de las catedrales de los atocinados en España: Lo tienen de Julián del Aguila de Guijuelo o de 959, la marca del cien por cien ibérico del Consorcio de Jabugo. La ración sale a 18 euros.

José María Gutiérrez, 43 años, se define como «tabernícola» y considera que su labor es cuidar el legado que le han dejado su abuelo Valentín, que fundó el bar en 1956 cuando llegó desde el valle del Liébana (Cantabría) y sus padres, Felipe Gutiérrez y María Pozo, que siguieron la línea del fundador y que lograron colocar a Casa Valentín como el sitio de postín de Utrera.

José María Gutierrez Pozo en uno de los comedores del restaurante y delante de un azulejo en el que está representado su padre. Foto: Cosasdecome

Casa Valentín es uno de esos sitios que quedan en los pueblos donde iban nuestros padres cuando querían asegurarse de que todo saliera bien. José María Gutiérrez resalta que tenemos clientes «que vienen, desde hace muchos años, todos los domingos a comer, y eso es un orgullo».

Empezó de pinche con sus padres y a partir del año 2000, cuando su padré comenzó a enfermar, ya estuvo más metido en el negocio del que cogería las riendas definitivamente el 1 de noviembre de 2014. Le ayuda en la labor su esposa, Laura Escribano, «que se vino del País Vasco para acá para ayudarme a mantener esta historia familiar».

José María señala «que hemos hecho pocos cambios. Aquí la gente viene buscando buena materia prima cocinada de forma sencilla, para disfrutarla sin máscaras». El sitio ha sido renovado, sobre todo en uno de los comedores con mesas de madera de color claro, paredes en tonos pastel y unos cuadros muy populistas en las paredes. El otro comedor, más de día y a día, tiene los motivos taurinos como principal argumento de decoración, especialmente con tres chaquetillas que han donado diestros a José María, un gran aficionado a las corridas de toros.

De todos modos, el sitio, aún habiéndose renovado, mantiene ese espíritu de restaurante de siempre: Trato cercano al cliente, camareros de camisa blanca con el escudo del restaurante en el pecho, mesas vestidas con mantel y servilletas de lino, de esas que huelen a limpio. Aquí la gente come de plato, lo de compartir todo al centro no es lo más habitual.

El sitio tiene capacidad para un centenar de personas. En la carta hay de todo: carne y pescao, pero todo cuidado. Gutierrez, que también cuida personalmente la bodega de la casa, señala que los mariscos y los pescados llegan mayoritariamente desde Huelva: «Solemos tener una buena gamba y unos buenos langostinos que ofrecemos cocidos y luego lenguados, merluza, atún rojo y si el mar las trae, pues urtas o pargos que se sirven a la plancha».

Tienen también pez espada fresco y frituras muy cuidadas. «Solemos tener puntillitas que también llegan de las costas andaluzas, chocos y cuando es temporada, calamares de potera»

No faltan los clásicos: almejas, gambas frescas al ajillo, queso de Ciudad Real y también algunos platos ya casi desaparecidos como el coctel de mariscos,  las mollejas de cordero o unos higaditos de pollo guisados con pasas y piñones, una de las recetas de Maria Pozo, la madre de José María. Pero también tienen algunos platos más singulares, sin apartarse del clacisismo. Asi hacen una original ensalada con bonito en conserva, que acompañan simplemente con cebolletas frescas y huevo duro (8 euros), unos pimientos asados con morrillo de atún (9 euros) o unas alcachofas que sirven con anchoas y un toque vinagre de Jerez (8).

La ensalada de bonito una de las originales entradas de Casa Valentín. Foto: Cosasdecome

La única «licencia» que se permiten a la nueva cocina son tres tartares: de atún (14 euros), de salmón ahumado y uno con una mezcla de pescados ahumados

Otra de las estrellas de la casa es el arroz con perdiz. La fórmula es de María Pozo. Se sirve caldosito, con el arroz sin añadirle colorante alimenterario y con la perdiz deshuesada y partida en trozos. En 2004 el plato llegó a recibir incluso un premio a nivel provincial.

El arroz con perdiz, uno de los platos característicos de Casa Valantín. Foto: Cosasdecome

También tienen otro arroz que hacen con bogavantes y el cordero, que traen de Segovia, y es otro de los clásicos que ofician al horno en paletillas y patas (18 euros). El bacalao va en salsa y en las carnes también alguna concesión a las nuevas tendencias con la presencia de varias razas de vacuno: vaca rubia gallega, ternera Angus o chuleta de vaca pinta de Cantabría. En este apartado un toque de personalidad, el solomillo de carne de toro, que no suele encontrarse facilmente en los restaurantes.

Los postres, la mayoría a 4 euros, también son hechos por ellos. Hay varias tartas y algunas reliquias como un flan de coco, arroz con leche, pudding de boniatos, y «fruta del tiempo» algo ya practicamente desaparecido de las cartas.

El sitio también funciona muy bien de lunes a viernes con su menú del día. Ofrecen dos platos y postre por 10 euros y «damos a elegir entre 8 primeros y 8 segundos, además con productos frescos y de temporada».

Con motivo de la crisis del Coronavirus, el restaurante también se ha adaptado a las circunstancias y ha puesto en marcha servicio a domicilio, con reparto propio.

Vista exterior de Casa Valentín. Foto: Cosasdecome

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