Paseo por las versiones más apetecibles de las papas fritas de paquete que se hacen por la provincia

 

Casi todas las firmas que se dedican a la elaboración de patatas fritas de paquete en la provincia de Sevilla tienen un origen parecido, pequeños kioskos dedicados, en muchas ocasiones también a los churros, donde se freía el género al estilo de las ferias, en lonchas muy finas y crujientes. La calidad de las patatas que hacian les llevó luego a crecer y finalmente terminaron montando fábricas donde envasar el producto pero sin olvidar su origen y manteniendo la calidad. La ruta de la papa frita de Sevilla tiene una decena de paradas. Vale la pena recorrerla.

 

Francisco Vizcaino y Alfonsa López en su primitiva fábrica. Foto: Cedida por Patatas Los Rosales

Francisco Vizcaino y Alfonsa Lopez Roldán pusieron en marcha en 1971 en la avenida de José Gines, en Los Rosales (Tocina) una pequeña churrería. Allí vendían calentitos y por las tardes, para que la familia prosperara, decidieron también hacer patatas fritas. A la gente le gustaba el punto que le daban así que empezaron a empaquetarlas en bolsas. En el año 1979 Francisco y Alfonsa se acercaban ya hasta Sevilla para llevar sus patatas y en 1987 construyen su primera nave de elaboración. Su hijo David, que sigue la zaga familiar, destaca que hoy en día, 50 años después, Patatas Fritas Los Rosales, da empleo a 50 personas y elaboran en su fábrica de más de 6000 metros cuadrados un total de 86 formatos de aperitivos. Pero junto a ellos, la firma sigue envasando patatas a granel para surtir a los pequeños kioskos y bares que las venden o que las utilizan para acompañar sus platos.

David Vizcaino señala que seguimos ofreciendo «sabor de ayer con medios de hoy». Lo cierto es que sus patatas siguen sabiendo a las de churrería. Están ya presentes en casi toda España aunque su producto se ve especialmente en Extremadura y Andalucía Occidental.

Diversos formatos de patatas fritas de Los Rosales.

También comenzaron con una churrería, que sus hijas mantienen en la actualidad, una de las patatas fritas más exquisitas que se hacen en la provincia de Sevilla, las de las Hijas de Cástulo, en Olivares. Todo comenzó en 1982 por entonces Cástulo García Fraile, agricultor y Encarna Rodriguez Dominguez, que ya antes se había dedicado también a la pastelería, ponen en marcha este pequeño negocio en Olivares. Fue un ocho de diciembre, recuerdan sus hijas, Encarni y Pepi, que siguen con el negocio, en el mismo sitio donde lo fundaron sus padres.

Las hijas de Cástulo: El lado más crujiente de Olivares

Estas patatas tienen una característica singular, y es que son un poco más gordas de lo habitual, esto hace que su sensación de «crujientes» se refuerce. Han incorporado un perol más grande para freir las patatas y alguna maquinaría para el envasado pero en esencia todo sigue funcionando igual. De hecho los domingos por la mañana, las hijas de Cástulo siguen abriendo su despacho de la calle Virgen del Perpetuo Socorro para hacer churros de los gordos y de los finos y luego vender pollos asados con patatas fritas, de las de tipo bastón al mediodía.

La imagen de la Virgen preside también el paquete de las patatas que elaboran. Su distribución es corta «no damos para más» señalan y tan sólo están en Olivares y en algunas tiendas de Sevilla.

Los paquetes de patatas de Hijas de Cástulo. Foto: Cosasdecome

La historia de las hermanas Ana y Patricia García Prieto es muy similar a la de las García Rodríguez de Olivares. Los domingos también abren la churrería de la familia en la calle María Fernández Palacios de Umbrete. Por las mañanas hacen churros y al mediodía pollos y patatas fritas tipo bastón. El resto de la semana lo emplean en la pequeña fábrica donde elaboran las patatas. Las frien, como casi todas las empresas, en aceite de girasol. Emplean siempre que se puede patata agria, que es la más indicada para este producto y destacan que «intentamos mantener al máximo la calidad. Las patatas, cuando salen de la máquina que les quita la piel, las repasamos una a una para eliminar cualquier resto de cáscara. Cuando están fritas volvemos a mirarlas para elminar las que no estén perfectas».

Patatas fritas Umbrete. Foto: Cedida por el establecimiento

Juan Garcia Delgado y  Dolores Prieto Infante, los padres de Ana y Patricia, empezaron «hace 38 años» en un puesto de la calle Campelo que está a unos quinientos metros del actual. El famoso restaurante «Casa Rufino» de Umbrete mantiene la tradición de servir a los clientes un paquete junto al pan y los picos para iniciar la comida. Distribuyen sus patatas por toda España aunque su clientela principal está en Sevilla y El Aljarafe. El paquete donde vienen envasadas también tiene su encanto y reproduce el famoso arco del palacio arzobispal que están en el centro de Umbrete. Es un guiño a Juan García que, con sólo 12 años, ya comenzó a ayudar a su madre en un puesto de patatas situado junto a este monumento.

También empezaron en una churrería Juan Antonio Noguerol y Maria Dolores Perez Fuentes, los fundadores en 1992 de patatas fritas Sandra, otra de las empresas punteras del sector y con sede en Montellano. Los comienzos de la empresa tuvieron como escenario el comedor de la familia donde metieron una peladora con capacidad para ocho kios de patatas, recuerda Sandra Noguerol Pérez, que ahora trabaja también en la empresa familiar y a la que sus padres decidieron dedicar el nombre de su producto.

En la actualidad patatas Sandra ocupa una nave de casi mil metros cuadrados en el polígono industrial Gilbert donde elaboran diversos tipos de patatas y trabajan 20 personas. Están presentes en varias cadenas de supermercados pero Sandra Nogerol destaca que «seguimos apostando por la calidad. Las personas que se encargan de freir las patatas llevan algunas más de 20 años en esta labor y prestamos mucha atención a la materia prima que traemos en su mayoría de Galicia. Antes de envasar las patatas estas pasan por un control manual en el que se retiran aquellas que no cumplen con nuestras normas de calidad» señala.

Hace un año lanzaron un nuevo producto especialmente dirigido al sector gourmet. Se trata de unas patatas gallegas fritas en una mezcla de aceite de oliva virgen extra (un 35%) y girasol. Sandra Noguerol señala que este es el porcentaje ideal para darle el sabor óptimo a la patata. El último toque sibarita está en salarlas con sal del Himalaya.

Así se presentan las patatas fritas Sandra fritas en aceite de oliva y con sal del Himalaya. Foto: Cedida por Patatas Sandra.

También han optado por la innovación en la freiduría San Pablo de Ecija. El negocio lo empezó Gregorio Mérida en 1977 con una tienda donde asaban pollos los fines de semana y freían patatas el resto de los días.

Las patatas fueron alcanzando fama hasta que pusieron una pequeña fábrica para elaborarlas. Mateo Mérida, que ahora regenta la empresa familiar que fundó su padre, ha optado por el sector gourmet. Sus patatas son de origen español y utilizan para la fritura aceite de oliva «porque esto da mayor durabilidad y calidad al producto» señala este pequeño empresario. Han traspasado fronteras y las patatas de la freiduría San Pablo han llegado hasta países como Bélgica, Reino Unido o Grecia. Están incluso experimentando con frituras de otros productos como boniato o yuca.

En la Sierra Norte de Sevilla también se pueden encontrar patatas fritas de paquete de mucha calidad, como las de «Manolín» en Cazalla de la Sierra. Su paquete de color azul con una amplia ventana transparente que deja ver el producto ya te hace presagiar que dentro hay algo grande. En medio una leyenda que dice «Puesto Las papas Manolín«. De hecho el puesto, que se fundó hace 25 o 30 años, según los cálculos de Carmelo Mejías, el actual gerente de la firma, sigue funcionando: «En invierno lo cerramos y solo nos dedicamos a elaborar patatas fritas envasadas, pero en verano, por las noches, lo abrimos y servimos las patatas recién hechas con refrescos y cerveza.»

La empresa la fundó su abuelo, «Manolín» y va ya por la tercera generación. La patata la traen de Galicia o de Sevilla, dependiendo del año y tan sólo distribuyen en la Sierra Norte.

Paquete de patatas fritas Manolín de Cazalla de la Sierra. Foto: Cedida por la tienda Despensa Sierra Norte.

Muy cerca, en Constantinta, está «Patatas fritas El Chato». Una corona preside el paquete completamente transpartente y donde indican que dentro tan sólo hay patatas fritas en aceite de girasol alto oleico (especial para frituras) y sal. Antonio Fernández Fernández regenta el establecimiento situado en la calle Pilar número 5 de Constantina. Abren a diario para vender directamente al público sus patatas que también reparten por la Sierra Norte de Sevilla. Lo de El Chato es por su suegro que fue el que fundó la empresa, un pequeño kiosko en La Alameda «hace más de 50 años» por lo que son de los más veteranos del sector. Para la fritura emplean patata agria «porque la Turia que es la que usabamos antes ya no se encuentra».

Caja de patatas fritas El Chato. Foto: Cedida por El chato.

Los más recientes en incorporarse al sector han sido los de «La Papa que Llevas». En el año 2016 el sevillano Jorge Liger decidía recuperar el espíritu de las antiguas tiendas que vendian patatas fritas y puso en marcha una en la calle Juan de Mesa, en pleno centro de Sevilla, cerca de Las Setas. Allí despacha patatas que han salido ya incluso en alguna selección «nacional» de las mejores de España. Están crujientes, tienen buen color y un extraordinario punto de sal. En el puesto venden también, al estilo de estas antiguas freidurías, almendras fritas y pavías. Ya ha comenzado a envasarlas en bolsas de plástico y «estamos distribuyendo mucho en los bares. Estamos creciendo mucho» señala Liger.

Jorge Liger en su puesto de papas. Foto: Cosasdecome

David Vizcaino, de Los Rosales, “destaca que detrás de estas empresas hay una historia de superación personal…de personas que tuvieron que buscarse las papas…y las encontraron”.

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