A mediados de los años 80, la mítica pastelería de Los Ángeles creó este singular dulce de hojaldre relleno de chocolate y tamaño similar al de un zapato. Se trata de uno de los productos más demandados de esta confitería, una de las más antiguas y populares de Sevilla.

 

No son pocas las ocasiones en las el ser humano desea probarse a sí mismo. Y muchas de ellas en lo que a su inventiva o habilidades se refiere. “¿Seré capaz de crear un dulce tan grande como una auténtica zapatilla o alpargata y que le guste a mis clientes?” Se preguntó un buen día a sí mismo el popular pastelero sevillano Francisco Vega Vaca, propietario de la confitería Los Ángeles. Corría la década de los 80 y el establecimiento de la familia Vega en el Arenal ya se había convertido en todo un referente de pastelería en la ciudad. “Una de nuestras especialidades era y es el hojaldre. Así que mi padre se inspiró en las tortas de hoja redonda que ya fabricábamos, hizo una de tamaño descomunal y la rellenó de un ingrediente infalible: el chocolate”, rememora Fran Vega Pérez, actual propietario de Los Ángeles.

Las populares alpargatas de Los Ángeles fueron creada por el que fuera su pastelero y propietario Francisco Vega Vaca. Foto: CosasDeComé

Las populares alpargatas de Los Ángeles fueron creada por el que fuera su pastelero y propietario Francisco Vega Vaca. Foto: CosasDeComé

Desde aquel entonces estas zapatillas dulces abarrotan los escaparates de las confiterías de Los Ángeles en la ciudad. “Las debimos patentar en su momento porque se han convertido en una de nuestras señas de identidad”, confiesa Fran Vega, perteneciente a la tercera generación de la familia que regenta esta confitería sevillana. “Aún recuerdo a los primeros extranjeros diciendo una palabra tan nuestra como alpargata para pedirlas en el mostrador”, rememora Fran mientras esboza una sonrisa. Y es que, pese a cautivar casi al instante tanto a propios como ajenos, fue el público procedente de fuera de España el primero en caer rendido ante los encantos de esta creación. “Francia, Inglaterra o Italia no trabajan tanto el hojaldre como nosotros. Por eso estas alpargatas les llaman mucho la atención”.

Pero estos originales dulces no son la única especialidad de Los Ángeles. Con casi noventa años de Historia a sus espaldas, esta firma de pastelería tradicional, que cuenta con cuatro establecimientos en la ciudad, atesora un sinfín de recetas de fuerte arraigo en Sevilla, entre ellas las de los dulces de merengue, el tocino de cielo y, como no, su extensa variedad de tortas.

Porque Los Ángeles nació en los años 30 del siglo XX como una tortería. Un joven Francisco Vega Alfonso, que se instruyó en el arte de la fabricación de las tortas en el ya extinto horno de Santa Cruz, ubicado en la calle Guzmán el Bueno, abría el mítico negocio de la calle Adriano en 1932. Lo hacía de manera discreta y temerosa. No en vano, tal y como recuerda su nieto, “eran años difíciles, en los que mi abuelo se tenía que ir hasta las estaciones de tren para vender sus tortas en un canasto” Su producción inicial se basaba en las perrunas, las de polvorón y las  aceite, cuyas recetas aún mantiene y elabora su nieto Fran en la actualidad. “Guardo un recetario del puño y letra de mi abuelo de muchas de sus creaciones de toda su vida. Es un auténtico tesoro”, revela.

La confitería Los Ángeles fue fundada en 1932 como una tortería. Imagen cedida por el establecimiento

La confitería Los Ángeles fue fundada en 1932 como una tortería. Imagen cedida por el establecimiento

Con el paso del tiempo, la tortería se convirtió en pastelería y comenzó a crecer. Aumentó el número de sus elaboraciones y también sus instalaciones. En los años 50, el establecimiento de la calle Adriano se anexionó una antigua lechería contigua dando lugar a la actual pastelería Los Ángeles. Paralelamente, Vega Alfonso se hizo con un segundo local en la calle San Pablo al que bautizó como confitería San Pablo y con el que amplió sus especialidades pasteleras con algunas creaciones de influencia francesa. Al tiempo, sus hijos Francisco, padre de Fran, y Juan José comenzaron a ayudar a su progenitor en el negocio familiar. «Se convirtieron en la mano derecha e izquierda de mi abuelo. Uno en el obrador y el otro a nivel comercial. Los Ángeles comenzaba a hacerse muy conocido en Sevilla y querían responder a las expectativas del cliente», sentencia el actual propietario del negocio quien confiesa haber heredado ese «sentido de la responsabilidad» de sus predecesores.

Tres generaciones de la familia Vega han pasado por la confitería desde su creación hasta el día de hoy. Foto cedida por Los Ángeles

Tres generaciones de la familia Vega han pasado por la confitería desde su creación hasta el día de hoy. Foto cedida por Los Ángeles

Y es que los Vega vivían por y para Los Ángeles. Por eso, entre la fabricación de sus también afamados bollitos de leche o de otros dulces ya desaparecidos como el carquiñón (hecho con recortes de otros pasteles) o el ‘chachipó’ (similar a un bizcocho borracho pero con la punta terminada en chocolate) , siempre había tiempo para acudir a ferias de alimentación o a cursos de formación en pastelería en Barcelona o Madrid. Siempre ampliando horizontes y comprometidos con su oficio. También para idear nuevas aperturas como la del obrador, confitería y salón de té Nova Roma que inauguraron en 1971 en la calle Asunción. De él se encargó Juan José Vega, mientras su hermano Francisco capitaneaba los establecimientos del otro lado del río: Los Ángeles y San Pablo.

Los escaparates de Los Ángeles se caracterizan por su amplia variedad de dulces y pasteles de corte clásico.  Foto: Cedida por el establecimiento

«El auténtico alma de todas nuestras pastelerías fue siempre Los Ángeles de calle Adriano. En los 80 nos adaptamos una vez más a lo que nos demandaba nuestro público y la convertimos también en cafetería», relata Fran Vega. En un momento en el que la venta de dulces experimentaba una ligera caída, los Vega decidieron acompañarlos de cafés, tés, batidos… aprovechando lo privilegiado de su enclave. Y además de en especialidades de fuerte tirón como sus alpargatas, milhojas de merengues o tocinos de cielo, se hicieron fuertes en los dulces estacionales. No hay sevillano que se precie de serlo que no conozca los roscones de Reyes de Los Ángeles, «de los que hemos llegado a hacer más de 8000 en un día», ni sus mantecados artesanos, turrones de corte, troncos de Navidad o uvas de la suerte. También, cuando se acerca la Semana Santa, gozan de gran tirón sus torrijas de miel y azúcar, pestiños, roscos y galletas fritas.

La vinculación de Sevilla con el sitio que elabora las únicas alpargatas del mundo para desayunar o merendar es tal que en los últimos años su actual propietario, Fran Vega, que se integra en el grupo hostelero Don Raimundo, ha abierto dos nuevos establecimientos de la firma.  El primero de ellos en los Bermejales en 2012 con la intención de acercar sus productos a nuevas zonas en crecimiento de la ciudad y un segundo en 2020 cerca de la plaza Ponce de León, en pleno centro. «Tres generaciones de sevillanos han crecido con nuestras creaciones. Dulces y pasteles de verdad, preparados con los mejores ingredientes y no hechos en serie», manifiesta Fran Vega quien aún siente cosquilleo en el estómago cuando alguien se asoma a alguna de sus vitrinas «y se vuelve medio loco ante tanta dulce variedad, sin saber dónde elegir» Porque la ilusión de los Vega ante su oficio continúa intacta casi un siglo después de la fundación de Los Ángeles. «Somos unos enamorados de lo que hacemos. De mantener una tradición pastelera de casi 100 años que no forma parte solo de la historia de nuestra familia sino de la ciudad».

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