Retrato «en colorao» de la cocina de Los Palacios premiada con la medalla de oro de la provincia de Sevilla

 

La gran virtud de Loli Rincón Dieguez, nacida en Los Palacios en 1961, es haber conseguido transformar problemas en virtudes. Llegó a la cocina por casualidad. Hija de agricultores, se enamoró del chico de los Mayo, de Fernando. Su novio, haciendo la mili, tuvo un accidente y la cosa terminó en un año postrado en cama.

Loli se arremangó y se puso a echarle un cable a su futura suegra, a Emilia, en el restaurante familiar. Las dos “se aviaban” para que todo saliera en su punto en el negocio y que Fernando estuviera acompañado de día y de noche.

Se casaron al año siguiente, pero ya por entonces Loli, no sólo se había enamorado de él sino también del oficio de cocinera y seguía echando un cable al lado de Emilia Cabrera, la primera gran cocinera de los Mayo y madre de Fernando y Curro.

Loli ejercía de “pinche” pero siempre estaba en estado de “aprender” tanto de Emilia Cabrera, su suegra, como de los cocineros profesionales que le ayudaban en su labor. Por entonces también se incorporó al equipo, su cuñada, Mari Angeles Duque, la esposa de Curro, otro de los grandes bastiones del establecimiento.

Otro problema y otra virtud. Tendría Lola, como la llama su marido Fernando, “25 o 26 años, y por ahí tendría que estar también Mari Angeles. El jefe de cocina de Manolo Mayo se fue y mi madre se quedó sola…” pero aquel triunvirato de mujeres no se achantó y sacaron el barco a flote. “Fijate tu que pasaron de pinches a jefas de cocina en pocos días…había que tener mucho valor” señala Fernando.

Pero Loli volvió a conseguir transformar una desgracia en una virtud y en con el tiempo Manolo Mayo se ha convertido en una referencia gastronómica en Andalucía, en uno de esos restaurantes familiares que son un ejemplo de buena gestión en las escuelas de negocio.

Autodidacta, en sus ratitos libres le gusta escuchar “A mi manera” de “Siempre Así” que se ha convertido en su himno de vida. Le gusta ir arreglaita. Siempre está “en estado de revista” y aunque salga de la cocina harta de trabajar, luce su pelo bien recogido y su poquito de maquillaje en la cara. Cuando no puede más, cuando el estres llama a su puerta, se retira al campo y ejerce de agricultura, recordando su infancia.

Es de las que les gusta salir al comedor a comentar con los clientes “como ha ido todo, a recomendar un plato”. “Ha sido una pionera en muchas cosas –relata orgulloso Fernando Mayo- Fue de las primeras cocineras en salir al comedor a explicar sus platos y también de las primeras mujeres que se atrevio a hacer cocina innovadora por aquí”.

Reconoce que los días libres los dedica a aprender, a visitar otros restaurantes para ver lo que se está haciendo. Lectora empedernida de libros de cocina, ha realizado algunos cursos de formación, sobre todo en la Escuela del Alabardero, donde aprendió a dominar los arroces, uno de sus grandes aciertos, desde el de carabineros al que hace con un poquito de foie por lo alto.

Metódica en su forma de trabajar, atenta al detalle, le gusta participar en concursos de cocina y fue una de las primeras andaluzas que participó en el prestigioso concurso nacional de tapas de Valladolid al que suele acudir siempre que puede.

Ha imaginado mucho en “bombón colorao” y ha sido capaz de sacarle al tomate de los Palacios hasta cinco texturas diferentes.

Pero para Fernando, lo mejor de “Lola” es que a sus 61 años sigue mostrando la misma ilusión que cuanto tenía 20 y «eso es una bendición. Está al alcance de muy poca gente».

Horarios, localización, teléfono y más datos del restaurante Manolo Mayo, aquí.

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