La familia de Francisco José Martín empezó a hacer churros en El Ronquillo en los años 50, con un perol alimentado con leña. Ahora, en el bar Central, ofrecen calentitos desde las cinco de la mañana

 

Manuela Lobo Forero puso un puesto de churros en El Ronquillo allá por 1953. En la aventura le acompañó su hija Águeda. Un perol para freir, otro para hacer la masa, una jeringa para echar los churros al fuego y leña para calentar el aceite. No tenían nada más, ni techo cuando hacia frío o llovía.

En esta foto que conserva la familia puede verse a Manuela Lobo y a su hija Águeda, con un delantal de flores.

Pero los churros de rueda de Manuela se fueron haciendo famosos. Allá estuvo hasta que en 1969 le paso el testigo a su hija, Josefa Fenández Lobo y a su marido, José María Martín Otero a quien enseñó el oficio de la fritura de la masa: «esto es complicado y hay que hacerla todos los días, porque se estropea de un día para otro y además no se puede congelar». Son palabras de la tercera generación de churreros de la familia, Francisco José Martín Fernández, que ahora regenta el «Bar Central», heredero de aquellos churros que hacía la abuela Manuela y su hija Águeda.

Francisco José, que cumplirá 52 años el próximo mes de octubre, empezó de pequeño ayudando a sus padres: «Tendría yo 13 años cuando ya me fueron enseñando los secretos de esto». En 1983 vivió en carne propia una gran alegría, la puesta en marcha de un kiosko para hacer los churros donde al menos estaban más protegidos, pero la familia dió otro salto en 1995 y se hizo cargo de un pequeño bar en la avenida de Andalucía número 70, la calle principal de la localidad de la Sierra Norte de Sevilla y situado muy cerca de donde tenían el kiosko.

En esta otra foto puede verse a los padres de Francisco José haciendo los churros. Los dos aparecen con delantal. Puede observarse que el perol para la fritura está alimentado con leña. Entre los clientes aparece (con chaqueta y corbata) el que entonces era alcalde de El Ronquillo, Curro Senil, que era cliente habitual. Foto: Cedida por la familia.

Le pusieron «El Central» porque estaba en el centro del pueblo y también en honor a un bar famoso que existió en la localidad. Desde el 2003 Francico José y Ana Belén Silva Pérez, su esposa,  son los que se ocupan del negocio, al jubilarse sus padres. La fórmula de los churros sigue igual y también el sacrificio de la profesión, porque «El Central» abre todos los días menos los viernes a las cinco de la mañana para servir los calentitos.

El sitio tiene encanto. Terraza al lado de la carretera y luego, a la entrada, una especia de casetilla donde Francisco José elabora la fritura. Dando a la puerta una ventana donde se anuncia la ración de churros a 1,5 euros y donde se despacha a los que quieren disfrutar del desayuno en casa. Pero vale la pena quedarse en el sitio. Hay barra de las de acero inoxidable y cuadros referentes a los toros y la caza colgando por la pared. Tras el mostrador cuelgan chorizos «de matanza y de herradura», con una pinta que te dan ganas de meteler mano en el mismo momento. Porque en «El Central» que solo abre para desayunos (de 5 de la madrugada a 1 de la tarde) no solo se comen churros. Ana se encarga de cortar a cuchillo el jamón que traen desd El Real de la Jara. Ana «las acuesta» con suavidad sobre el pan de la panadería San Blas que también se puede untar con manteca blanca y colorá que elaboran en el propio establecimiento.

La tostada de jamón del bar Central. Foto: Cosasdecome

Los que quieran disfrutar de la experiencia al completo, lo pueden hacer en el saloncito que hay al final del establecimiento, tras pasar por un pasillo donde están los cuartos de baño, inmaculadamente limpios por cierto. Solo hay tres mesas con unos manteles de hule presidadas por unos servilleteros de la Cruzcampo. Parece que estas como en el comedor de una casa del pueblo. Allí los churros, puestos en su papelón de papel de estraza, saben a desayuno celestial.

Los churros de rueda del Bar Central. Foto: Cosasdecome

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