Visita a las entrañas y jardines del nuevo restaurante de los grupos Ovejas Negras y algunos de los socios de María Trifulca ubicado en una antigua casa modernista de cuatro plantas : Casa Ozama.

 

Es el sitio de moda en Sevilla. Aquel del que todos hablan. Registra constantes llenos en su aforo desde su apertura el pasado 25 de marzo. Y no deja a nadie indiferente. Aunque no es para menos: una majestuosa casa modernista con cuatro plantas y jardín convertida en espacio gastronómico. Casa Ozama emerge, de forma casi onírica, frente al Parque de María Luisa en un alarde de grandiosidad y fantasía. Porque los límites entre imaginación y realidad parecen diluirse en las instalaciones del que es el primer proyecto conjunto de Ovejas Negras con Rafael Cebolla y Óscar Vega, socios de María Trifulca. Como si del país de las maravillas de Alicia se tratase, Casa Ozama combina elementos decorativos originales de principios del siglo XX con objetos sorprendentes y atemporales, obra todo ello de los interioristas de Persevera Producciones. Algo que contrasta con la propuesta gastronómica del establecimiento: cocina de producto, de calidad y sin dobleces, ejecutada por el chef Manuel Pabón, Bib Gourmand en Torres y García. Ostentación y originalidad en el entorno. Sencillez en los fogones “No existe una contradicción como tal. Todo en Casa Ozama tiene una razón de ser y está cuidadosamente estudiado para generar expectación y provocar emociones únicas” , revelan tanto Maribel Blanco, de Persevera, como Manuel Pabón, jefe de cocina.

Fachada exterior del edificio de origen modernista. Foto: CosasDeComé

Fachada exterior del edificio de origen modernista. Foto: CosasDeComé

 

Así adentrarse en Casa Ozama supone emprender un viaje mágico a través de un romántico jardín de ensueño, entre buganvillas y jazmines, y un laberinto de salones a cual más impactante. Pero vayamos por partes. Al edificio, que se encuentra en la esquina entre la avenida de la Borbolla y Felipe II, se accede por la puerta principal, custodiada por una verja de hierro forjado y un vergel de plantas, con vistas al parque. En esta verja exterior aún puede leerse el nombre de Villa Ozama, con el que fue bautizada esta elegante mansión de principios del siglo XX. Según explican desde Persevera Producciones, «la residencia perteneció a una familia sevillana que hizo fortuna en República Dominicana y a su vuelta rindió homenaje a este país poniéndole a su residencia de 2000 metros cuadrados el nombre del Ozama, un río dominicano».

Un coqueto jardín frontal de mesas altas y coloridos sillones da la bienvenida al viajero que queda deslumbrado por la prominente puerta de acceso, enmarcada en un alto pórtico presidido por dos columnas. «En el interior hemos puesto en valor la casa, respetando su estructura principal y gran parte de sus suelos y techos originales. Pero luego hemos dejado volar nuestra creatividad», agrega Maribel Blanco de Persevera. Y de estos vuelos imaginativos nacen salones como los de la planta baja, donde se mezclan azulejos típicos sevillanos con fantasías exóticas de terciopelo de reminiscencias caribeñas. La escultura de una cebra, casi a tamaño real, sobre una barra funciona como nexo de unión entre los espacios. «En todas las plantas hemos colocado animales salvajes en lugares inesperados para jugar con el efecto sorpresa», describe Blanco.

 

El viaje de ascenso continúa a través de una escalera modernista serpenteante que da acceso a la segunda y tercera planta. En ellas, el juego entre lo real y lo onírico se potencia con espejos (y sus consiguientes reflejos) por doquier. Cada planta cuenta con dos salones separados por una imaginativa zona de barra, presidida, en el caso de la segunda por un imponente elefante en equilibrio. La primera posee también una zona de cocina, que se pondrá en funcionamiento en breve, y dos amplios salones enamorantes con unas vistas al parque de María Luisa que dejan con la boca abierta. «Resultan muy atractivas en contraposición al lujo decadente que preside el interior del edificio, donde cada pieza ha sido restaurada o adquirida en anticuarios con la búsqueda de un sentido», puntualiza la interiorista de Persevera Producciones que explica que los espacios del tercer piso aún se encuentran por finalizar «aunque siguen esta misma línea, faltan los últimos detalles. Se utilizarán para eventos o como reservados, probablemente».

Y es que Casa Ozama es un proyecto vivo, como el fluir del río del que toma su nombre. Los 2000 metros de sus instalaciones, entre interiores y exteriores, se adaptan al devenir de las circunstancias. Por ello, en estos primeros instantes de su andadura, en la travesía del visitante cobra especial protagonismo su jardín encantado, salpicado de palmeras centenarias. Porque es allí donde Alicia, recobrando el símil del País de las Maravillas, tomaría té con el sombrerero loco: en el único espacio habilitado actualmente en Ozama para el deleite gastronómico. «Hemos  empezado a rodar de esta forma, tenemos una amplia cocina en el jardín y un equipo de doce personas que irá en aumento», manifiesta Manuel Pabón, quien antes de recalar en Casa Ozama ya había demostrado sus dotes culinarias en restaurantes de la talla del Faro del Puerto de Santa María, el michelinado Ruscalleda de Sant Pol de Mar, Abantal en Sevilla o Al Lado de Paco Pérez.

El restaurante cuenta con amplios jardines donde se sirven actualmente los almuerzos y cenas. Foto: CosasDeComé

El restaurante cuenta con amplios jardines donde se sirven actualmente los almuerzos y cenas. Foto: CosasDeComé

Cuenta Pabón que la carta de Casa Ozama es «ambiciosa sin vanguardismo, basándose en el producto y dándole especial preponderancia a la parrilla para carnes, pescados y verduras, y también a los arroces». La oferta gastronómica es amplia. Entre más de cincuenta platos y tapas de corte clásico pueden decantarse los viajeros que surcan Casa Ozama cuando recalan en sus exteriores. Según relata el chef los huevos con bogavante, la ensaladilla rusa o sus distintos arroces han sido las propuestas más demandadas en estas primeras semanas de vida.

La fuente central del jardín borbotea y los primeros viajeros del día toman asiento en mesas de azulejos y sillas de corte romántico. El equipo de sala los acomoda entre pérgolas y parterres, en una estampa totalmente idílica. Mientras Pabón, avanza la llegada de nuevas cartas de coctelería y meriendas a Ozama, aunque en principio sirven tan solo almuerzos y cenas. «Todo se andará, pretendemos llegar muy lejos en todos los sentidos», culmina.

El apartado gastronómico de Casa Ozama está capitaneado por Juanma García y Genoveva Torres, de Ovejas Negras, además de los ya mencionados Rafael Cebolla y Óscar Vega. Al proyecto se han unido empresarios sevillanos como María del Mar Sánchez Blanco, Borja Vázquez, Álvaro Laguillo y Marcos Ybarra.

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