Este joven hostelero, que ya regenta dos establecimientos y también posee varios puestos ambulantes de calentitos, pretende modernizar este clásico de Sevilla creando una cadena de tiendas con harinas de alta calidad para elaborar las masas y hacerlas más ligeras y digestivas, servicio a domicilio y para eventos y hasta una nueva forma de vestir y de manejar el producto

 

Vidal Ramos, 32 años y nacido en Triana, sabe manejar eso del marketing. Su calentería tiene página en instagram y le siguen más de 1000 personas. Él y su personal acuden al trabajo con una camisa vaquera con la inscripción de «El Barba» y si hace fresquito llevan un chaleco azul… atrás quedó el blanco uniforme típico de los calenteros. Cuando los niños acuden a sus establecimientos siempre está dispuesto un chupa chups para hacerles más fácil la espera mientras están listos los calentitos. Los hay de papa y de rueda y también buñuelos, que así se completa el catálogo de productos. No falta el chocolate caliente que se sirve en unas lecheras de plástico que permiten su fácil transporte para llevarlo a casa.

«Nosotros siempre pensamos en el cliente, en el que se lleva los calentitos para su casa. Los churros van en una bolsa de papel que es más fácil de llevar que el cartucho tradicional y el chocolate se puede agarrar con un asa con lo que no te quemas y es más fácil de transportar»… el i+ d pero aplicado al mundo del churro.

Vidal Ramos habla con pasión de su negocio. Lo de «El Barba» viene de su padre, Nicasio, que ya la lucía cuando se hizo famoso en su bar Nico que ahora sigue regentando en Sevilla Este su hijo David con el apoyo de Vidal. De hecho, el logotipo de las calenterías… porque las calenterías El Barba también tienen logotipo, es la cara de su padre de perfil. Vidal ha convertido sus barbas en la imagen de su negocio. La lleva larga, en plan «hipster», pero la tiene llamativamente cuidada, perfectamente peinada y limpia. En una de sus orejas un piercing y el pelo también muy cuidado. Habla de harinas «sin humedad», de aceites alto oleicos de girasol y de formas de conseguir que el calentito esté crujiente por fuera y tierno por dentro, como mandan los cánones.

Vidal Ramos saca una rueda de calentitos del perol. Foto: Cosasdecome

Vidal es un hombre hecho a si mismo que se introdujo en lo de los calentitos «por mera necesidad, para levantar el negocio de la familia» y que ahora proyecta una cadena de tiendas en Sevilla para «demostrar que esto de los calentitos, modernizado, tiene mucho futuro». Ya cuenta con dos establecimientos, uno en Triana, en la calle Farmacéutico Murillo Herrera, que abrió en el 2019 y otra en la calle Antonio Flipo Rojas, cerca de la estación de Santa Justa, que comenzó a funcionar en 2021. A ello une tres remolques, con apariencia de camiones de estos que se utilizan ahora para vender comida, que están disponibles para eventos y que funcionan también como calenterías.

Mari Angeles Monaga que regenta las calenterías junto a Vidal Ramos, en la puerta de su establecimiento en Triana. En la foto pueden verse los recipientes que usan para el chocolate caliente. Foto: Cosasdecome

Las dos calenterías tienen también servicio a domicilio a través de plataformas y una pequeña terraza para poder tomar los calentitos junto al establecimiento. Vidal, que suele ocuparse de elaborar y freír los churros en la calentería de Triana, también ayuda a su hermano David con los calentitos que sirven en la cafetería y churrería Nico en Sevilla Este. Allí fue donde comenzó todo.

«Era el año 2006» recuerda Vidal. «Estábamos en plena crisis y las ventas del bar de la familia se vinieron abajo. Uno de nuestros fuertes eran los desayunos y se me ocurrió reforzarlos con los churros. Aprendí a hacerlos a ojo, yo mismo. Siempre he estado acostumbrado a buscarme la vida y me atreví. Poco a poco me fui formando y los calentitos se convirtieron en el atractivo del bar».

Nicasio Ramos, el padre de Vidal. Foto: Cedida.

Este joven hostelero, que empezó a trabajar en el bar de la familia con 14 años, destaca que «llevo la hostelería en la sangre. Creemos que somos la sexta generación de la familia dedicados a este mundo. Mi abuelo, que regentaba el Bar El Tropezón, fue también un innovador y fue el primero que empezó a servir la pringá en bollitos de pan».

Destaca que «para mí ha sido fundamental la aportación de mi mujer, Mari Angeles Monaga. Ella regenta también el negocio y aporta muchas ideas».

Vidal considera «que es necesario renovar el sector de las calenterías para evitar que desaparezcan. Mi idea es impulsarlas pero haciendo cosas nuevas». En este sentido destaca que «apostamos por la calidad, por harinas sin humedad, que hace que el calentito esté en su punto y no se repita luego. Estas harinas, que compramos aquí en la provincia de Sevilla permiten que el churro no absorba aceite y así se digieran mejor y sean más ligeros».

Los calentitos de El Barbas. Foto: Cosasdecome

Destaca además que cuidan el aceite y «también la manipulación de la materia prima. El amasado lo hacemos con guantes y luego los churros se manejan siempre con pinzas, sin tocarlos con las manos».

El personal viste con camisas vaqueras de color celeste y los calentitos, tanto los de rueda como los de papa, se venden por unidades, no al peso. La ración de papas lleva siete «palos» y la de rueda, 4. Ahora se venden (precio a octubre de 2022) a 1,20 euros.  «intentamos dar todas las facilidades al cliente. Hemos hecho envases que sean más cómodos de llevar y también ofrecemos servicio a domicilio para los que quieran disfrutar los churros sin moverse de casa».

Atienden también eventos con la colaboración de otros socios y «nuestra idea ahora es montar nuevas calenterías por Sevilla. Lo tenemos en la cabeza pero todo se irá anunciando en su tiempo, cuando sean una realidad» señalan Vidal y Mari Angeles.

Horarios, localización, teléfono y más datos de las calenterías El Barba, aquí.

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Aquí un video con algunas de las calenterías históricas de Sevilla:

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