El sitio ofrece tapeo tradicional con una amplia terraza y también despacha vinos para llevar de las bodegas Góngora de Villanueva del Ariscal
Ahora está situada en una amplia plaza, rodeada de edificios, pero en su día Mascareta fue un punto de encuentro para refrescarse y alimentar a los animales que tiraban de las mercancías. Estaba en un cruce de caminos. Los primeros datos sobre el edificio son del siglo XVII (tendría por tanto la misma antigüedad que el Rinconcillo, el famoso bar del centro de Sevilla). Luego quedó en ruinas hasta que una empresa constructora reconstruyó el inmueble en 2020 para utilizarlo como oficina de ventas. Cuatro siglos después Mascareta vuelve a recuperar su uso primitivo como sitio para refrescarse y recomponer el cuerpo, aunque ahora con una visión mucho más lúdica.
Una antigua fuente, que advierte que lo que sale por el grifo no es agua potable, preside la amplia terraza del establecimiento. Hay mesas altas y bajas de las de Cruzcampo protegidas con amplias sombrillas de color blanco. A un lateral el edificio de la antigua venta, un inmueble exento situado en medio de la plaza con dos plantas y techo a dos aguas. Ha sido exquisitamente restaurado. Hay un porche con arcos de medio punto construido en ladrillo visto que da entrada al establecimiento. Ahí hay más mesas altas, en un lugar muy agradable para tapear a la sombrita. Dentro la barra, en forma de escuadra y con la cocina integrada tras el mostrador, por tanto, a la vista del cliente.

La barra, en la que llaman la atención un amplio tapero de dos plantas y la parte superior decorada con botellas y copas. Foto: Cosasdecome.

La terraza. Foto: Cosasdecome.
El espacio interior es pequeño, tan solo hay un par de mesas más y la barra, con banquetas para sentarse y una atractiva vitrina con aliños y banderillas de ahumados para tomar algo. Llama la atención una pizarra en la que se detallan los vinos que hay para llevar. Son de las bodegas Góngora de Villanueva del Ariscal y han sido embotellados especialmente para La Mascareta. De hecho las botellas están etiquetadas con el nombre del establecimiento. Los vinos se pueden tomar en el bar y también se pueden comprar embotellado para llevar. Para completar la escena un barril refrigerado con manzanilla fresquita Elías de Sanlúcar de Barrameda y los tiradores de La Cruzcampo.
Luis Manuel Vargas Jiménez es el encargado del establecimiento. Tiene experiencia en el sector y viene del grupo Ovejas Negras. Es la persona designada como responsable del local por los grupos La Liebre de Los Palacios y Lantana de Coria del Río, que son los que ponen en marcha la iniciativa.
«Lo que servimos es tapeo tradicional» señala Luis Manuel. Acaban de abrir. No hacen reservas. En principio el horario será desde el mediodía hasta después de las cenas, de forma ininterrumpida. En unas semanas incorporarán también desayunos para hacer más completa la oferta.
En la carta aliños variados, papelones de chacinas, papas bravas, chicharrones fritos o alitas, algo de guisoteo (carne en tomate o carne en salsa) y una docena de montaditos, realizados con pan de bollo y terminados en el grill, con especialidades que van desde el mantecaito o la pringá, hasta alguno más novedoso como el de carrillá con mermelada de pimientos y alioli.
Horarios, localización, teléfono y más datos de venta Mascareta, aquí.
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Y aquí un video sobre otro local histórico de Sevilla: El Rinconcillo:

