Los propietarios de Casa Protasio, Pedro y Patricia Verdugo, reabrieron a finales de marzo este mítico bar de las inmediaciones de la Gran Plaza ofertando las mismas tapas y raciones de corte tradicional que en su establecimiento de Ciudad Jardín.

 

En Casa Protasio siempre hubo vida más allá de los caracoles. La sangre encebollada de Protasio Verdugo, fundador de este mítico establecimiento de la zona de Ciudad Jardín,  y el menudo o las manitas de cerdo de su hijo Pedro ya hacían en su día relamerse de gusto a propios y ajenos. Desde hace tres meses, Patricia y Pedro Verdugo, la tercera generación de esta saga de hosteleros, reivindican las recetas de siempre de su familia desde los fogones de otro de los más señeros bares de la Gran Plaza sevillana: Casa Prieto.

Rótulo con aire de los años sesenta, década en la que se fundó Casa Prieto. Foto cedida por el establecimiento.

Rótulo con aire de los años sesenta, década en la que se fundó Casa Prieto. Foto cedida por el establecimiento.

Los hermanos decidieron hacerse con el establecimiento, que llevaba cerrado desde 2017, con la intención de mantener parte de la esencia inmutable del mismo aunque ampliando su oferta gastronómica. «José María y Carlos Prieto, sus anteriores propietarios, tan sólo servían los famosos pepitos de filete, marisco y pocas tapas más. Nosotros hemos creado una carta mucho más amplia», explica Pedro Verdugo quien manifiesta que a Patricia y a él «nos apetecía que la cocina tradicional que elaboramos en Protasio se consumiera también en un sitio más céntrico y de paso».

De esta forma, en Casa Prieto se pueden consumir tapas y raciones de platos caseros que van desde la carrillada, las manitas de cerdo, el menudo o los pistos, especialidades de la casa, a pescados y mariscos de temporada, salazones o chacinas al peso. Pedro y Patricia Verdugo acompañan su oferta con guisos fuera de carta durante los fines de semana como las perdices y venado, tan sólo en temporada de caza, y la legendaria sangre encebollada de Protasio Verdugo.

Para acompañar estas recetas de siempre, una bodega de vinos del Condado de Huelva y manzanilla que se sirven a granel desde unos barriles de estética sesentera. Porque Casa Prieto ha sido remodelada por los hermanos Verdugo. Pero con aire vintage que encandila. La sobrebarra o los azulejos bajo la misma son también claro ejemplo de esta puesta al día cargada de identidad propia.  «He querido que Casa Prieto siga siendo Casa Prieto en algunos sentidos como un homenaje a su dueño. Después de verano quizás recupere su típico pepito», añade el nuevo propietario del establecimiento.

Vitrina de productos y vinos a granel de la que los hermanos Verdugo se sienten especialmente orgullosos. Foto cedida por el establecimiento.

Vitrina de productos y vinos a granel de la que los hermanos Verdugo se sienten especialmente orgullosos. Foto cedida por el establecimiento.

Los pepitos de José María y Carlos Prieto gozaban de gran fama en Sevilla. Cubiertos por una hoja de lechuga y de sabor característico, existe la leyenda de que los Prieto llegaron a vender 1500 unidades en solo un día. Un récord de consumo que podría volver a repetirse a partir de septiembre.

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