Fátima Castillo hace sus guisos en la cocina del domicilio de sus padres. Las papas se frien en un perol y para acompañar está el mosto que envejece en el patio, junto al pozo. La bodeguita Nicomedes de Santiponce es uno de los locales más singulares del Aljarafe

 

El próximo viernes de Dolores, siguiendo la tradición, la bodeguita Nicomedes de Santiponce cerrará sus puertas hasta noviembre, cuando esté en su punto el nuevo mosto. El pasado sábado al mediodía abrieron el último de los siete barriles que presiden el patio del establecimiento…y de la casa de los Castillo Ruiz…porque el bar de esta familia forma parte de su casa. De hecho la cocina del establecimiento, a la que no le faltan ni sus típicos muebles, ni el fregadero, ni la lavadora, es la misma en la que elaboran la comida. Al lado de ella está el salón comedor, que se deja ver desde el bar y que hasta lleva puesto su mantelito de hule.

Nicomedes es un establecimiento de los que se disfruta primero que nada con la vista. Desde fuera no llama mucho la atención. Una terraza con mesas altas, cubierta con toldo negro da la bienvenida al local. Sobre la pared blanca un pequeño letrero negro anuncia lo de Casa Nicomedes. En la puerta el dispensador de gel hidroalcohólico que se ha convertido en mueble necesario. El nombre del establecimiento es una dedicatoria al tatarabuelo de los actuales gerentes.

Primer salón. Azulejos blancos a media pared coronados por una cenefita con motivos geométricos. En una pared, una alacena de esas de cuando estaban de moda los muebles «rústicos». Va a juego con las mesas y las sillas. Llama la atención una colección de miniaturas de botellas que cuelga en un armarito acristalado. La única aportación del siglo XXI es una televisión de estas finitas. No hay manteles. Una camarera pasa por mi lado con una impresionante «bandeja» de la casa como se llama en el local a una gigantesca fuente de loza blanca que contiene seis huevos fritos, cebolla en el mismo estado, una fritá de papas a todo lo largo y por lo alto, a modo de perlas sobre un paraiso ahuevado, unas buenas rodajas de chorizo frito que traen desde Extremadura.

Los huevos fritos con papas de Casa Nicomedes. Foto: Cosasdecome

Pero lo mejor de Nicomedes está en el patio de su casa. La estancia es de esas con encanto de las que te hace sentirte ante algo diferente, auténtico, en la negación del gastrobar. La vista corre aquí más que un atleta de 100 metros lisos. En el centro de la estancia una antigua prensa de vino perfectamente barnizada para que sirva de contrabarra. A su lado un pozo, presidido por una cruz y a los pies de una foto de la Virgen del Rocío. Una vitrina expone los postres. Al lado, los servicios, de blanco higiénico, como queriendo pasar desapercibidos ante tanto colorido. En el otro extremo el sitio del vino, que para algo Nicomedes es bodega de mosto, el vino salvaje del Aljarafe. Los cuatro depósitos de acero inoxidable donde fermenta la uva comparten espacio con los grandes barriles donde luego, completada la revolución, descansa el tesoro de la casa.

Mirada al techo. Un burrito de mimbre con sus alforjas llenas de flores de plástico es el primer objeto de las miradas, pero hay también una colorida cortina de tapones de corcho, unas damajuanas que contienen el mismo material y unas celosías blancas. Hay un toldo blanco, que no deja pasar la lluvia, pero si la luz. En la esquina, como si estuvieran en un santuario, las chacinas que traen de Cabeza de Vaca, Badajoz, que son la bienvenida gastronómica de la casa: chorizo de herradura, morcilla y panceta ibérica curada…el jamón de los pobres.

En Nicomedes te reciben con una fuentecita de aceitunas aliñás. Lo suyo es pedirse ya el vasito de mosto de la casa, 0,60 la tirada, o una de las jarritas de barro para servirse el vino a discrección. pero vamos con el sentido del gusto. La carta es cortita y manda el salseo en colorao: Menudo, migas con chorizo así como picaito por lo alto, sangre encebollá, garbanzos con espinacas y un bacalao con tomate hecho a la vieja usanza con un pescado de textura «aglomerada» y una salsa de tomate con un punto salaita que la hace adictiva.

También en colorao un sencillo guisito de habas, de las pequeñitas que se aromatiza con un poquito de cebolla y mosto de la casa y que a modo de trofeo llevan en el centro un buen trozo de chorizo que le da un sello personal a la cosa. Una de las estrellas de la casa son las tortillitas de bacalao, una especie de buñuelos de pescado que llevan también en la masa cebolla y perejil.

Pero en Nicomedes la fiesta suele terminar siempre «por papas fritas». Se cortan a diario y a mano y se frien en un perol de aceite. Los adornos son variados. Se puede optar por una generosa tapa de carrillada o irse a los huevos fritos acompañados con chorizo y cebolla. También llevan una manta de papas las carnes como la presa ibérica o las puntas de solomillo que se sirven simplemente con un golpecito de sartén.

Las tapas estrella de Casa Nicomedes

“Bodeguita Nicomedes no se parece a ningún otro sitio porque es el patio de mi casa. Bueno, y su cocina de toda la vida. Aquí nos criamos los cinco hermanos y aquí siguen viviendo mis padres”, explica Clara Castillo Ruiz, copropietaria del establecimiento de Santiponce junto a su hermana Fátima.

Ambas heredaron este singular espacio de su padre, Rafael Castillo, y tratan de mantener vivo el espíritu cercano y familiar que impregna esta singular bodeguita desde sus inicios. Porque, curiosamente, Nicomedes nunca tuvo ánimo de convertirse en establecimiento. Relata Clara que al jubilarse su padre en 1992 y ser un gran enamorado del mosto, un amigo de bodegas Salado de Umbrete le ofreció que se llevara un bocoy a su casa “porque tenía sitio en ese patio tan grande”. Desde entonces, la casa de la familia Castillo se convirtió en la “peña informal o lugar de encuentro para tomarse un vinito” de los amigos de Rafael. “Todo surgió de manera totalmente espontánea, al año siguiente mi padre se trajo dos bocoyes más. Cada vez venían más conocidos y algunas veces mi abuela preparaba unas migas para acompañar. Nunca creímos que esto llegaría a ser un negocio”, revela Clara.

La familia Castillo Ruiz regenta Casa Nicomedes. Aqui están en el patio de su casa que sirve también como zona de tapeo de la bodeguita. Foto: Cosasdecome

Las migas de la abuela siguen siendo una de las estrellas de la casa. El secreto de Bodeguita Nicomedes, además de su mosto del que abren el primer bocoy a principios de noviembre, radica en su cocina al más puro estilo casero y entrañable, como las de las madres y abuelas de siempre. No en vano, fue la abuela materna de las hermanas Castillo Ruiz, Ana Girón, la que inauguró este servicio en la bodeguita con sus espinacas, migas o patatas fritas con huevo. Su nieta Fátima Castillo aprendió sus recetas mientras la observaba con devoción. “Mi abuela venía de Bornos en Cádiz y guisaba muy bien. De más jovencita me ponía a su lado para ver lo que le echaba a sus platos . Lo apuntaba a escondidas porque a veces no quería contarme sus secretos”, comenta Fátima, actual cocinera de la bodeguita junto a su prima, Esperanza Toro.

La cocina de Casa Nicomedes. Pueden verse los muebles, el fregadero o incluso la lavadora. Al fondo los peroles donde se frien las tortillitas de bacalao y las papas fritas. Foto: Cosasdecome

En la cocina de Nicomedes todo se sigue preparando tal y como hacía Ana Girón. Además, mantienen la estructura y disposición intacta de la cocina familiar de los Castilla Ruiz, azulejos y mobiliario incluido. Las patatas fritas se cortan a mano y en el momento y se fríen en el perol. No utilizan freidora, salvo una pequeña para las croquetas. Las ollas se dejan en el fuego “como toda la vida de Dios, sin prisa y mirándolas con cuidadito”.

“El mosto empezó siendo nuestro principal reclamo pero cada vez hay más gente que viene porque le gusta que nuestra comida sea tan tradicional”, confiesa Clara Castilla.

Respecto a este vino temprano, las hermanas Castillo explican que la uva recién pisada llega a Bodeguita Nicomedes cada año a principios de septiembre “y luego fermenta y todo el proceso se hace aquí. No tiene ninguna elaboración”. El establecimiento cuenta ya con siete bocoyes sobre los que inscriben con tiza su fecha de apertura y de terminación. El sitio tenía la costumbre de permancer abierto hasta que se terminaba el mosto, pero al final esto siempre ocurría poco antes de la Semana Santa por lo que decidieron cerrar siempre la temporada el Viernes de Dolores…el próximo 26 de marzo…Ya no volverán a abrir de nuevo hasta principios de noviembre, cuando el mosto esté en su punto.

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